Los mercados enfrentaron varios desafíos en febrero, con preocupaciones persistentes sobre la disrupción causada por la IA que se cruzaron con tensiones geopolíticas intensificadas y la decisión de la Suprema Corte sobre los aranceles del IEEPA. Los bonos globales registraron un retorno de 1.1%, reflejando la preferencia de los inversionistas por activos de mayor calidad, mientras que las acciones globales avanzaron impulsadas por un crecimiento resiliente y sólidos resultados corporativos, con el MSCI ACWI subiendo 1.3% en el mes. Los mercados emergentes superaron a los desarrollados, entregando un retorno total de 5.5%. Mientras tanto, el índice del dólar estadounidense (DXY) subió 0.6%, impulsado por un sentimiento de aversión al riesgo, cambios en las expectativas sobre la Fed y novedades en la política económica.

 

En Estados Unidos, las minutas del FOMC de febrero mostraron una postura más restrictiva o hawkish, con algunos miembros defendiendo la posibilidad de nuevas alzas de tasas si la inflación se mantiene elevada. Las proyecciones apuntan a una tasa de desempleo por debajo de su nivel natural hacia fin de año, mientras que la inflación debería mantenerse por encima del objetivo. El margen para recortes de tasas sigue siendo limitado: tanto la inflación como el mercado laboral tendrían que deteriorarse significativamente para que la Fed justifique una flexibilización. El mercado espera que la tasa de referencia permanezca estable durante el primer semestre, con el próximo recorte totalmente descontado solo para la segunda mitad de 2025, tras la llegada del nuevo presidente, Kevin Warsh. El panorama de crecimiento sigue siendo constructivo, con estímulos fiscales vigentes y un consumo robusto, pero los riesgos al alza para la inflación persisten debido a posibles cambios en las políticas de comercio e inmigración, además de shocks geopolíticos. El crecimiento del PIB real en el 4T25 fue menor al esperado, con una tasa anualizada de 1.4%, posiblemente influenciado por proyecciones optimistas del modelo GDPNow de la Fed de Atlanta, que estimaba un crecimiento superior al 5%. Una caída anualizada del 17% en el gasto del gobierno federal fue el principal factor del resultado débil, ya que el PIB real excluyendo el gobierno federal creció un sólido 2.7% anualizado.