Es esencial contar con carteras bien diversificadas para protegerse del riesgo, ya sea porque el crecimiento se debilita si la confianza en el sector tecnológico se deteriora, como por un repunte de la inflación superior a lo previsto.
Conforme se va echando más combustible a la locomotora económica, la actividad mundial debería extenderse a todas las regiones en 2026. Nuestra previsión es que la economía estadounidense se beneficiará de efectos patrimoniales positivos, bajadas de tipos y la continua inversión de capital en inteligencia artificial (IA). En Europa, el crecimiento debería acelerar en un contexto de políticas monetarias y fiscales favorables.
Sin embargo, no hay que perder de vista los riesgos bajistas para el mercado, ya que un eventual tropiezo de las acciones tecnológicas podría tener importantes repercusiones para el mercado y la economía. Las presiones inflacionarias también podrían resultar frustrantemente persistentes. Por todo ello, es esencial contar con carteras bien diversificadas para protegerse del riesgo, ya sea porque el crecimiento se debilita si la confianza en el sector tecnológico se deteriora, como por un repunte de la inflación superior a lo previsto.
Macro: La actividad económica se expande en todas las regiones. El crecimiento de Europa en 2026 sorprende al alza y reduce diferencias con el de EE. UU. en un contexto de notable estímulo fiscal y apoyo derivado de las anteriores bajadas de tipos. La expansión estadounidense continúa gracias al respaldo de unas políticas monetarias más flexibles por parte de la Reserva Federal (Fed). En China, la economía avanza apoyándose en la estabilización del mercado inmobiliario, mientras que los responsables políticos apoyan el desarrollo de la IA a nivel interno.
Mercados: Dentro de la renta variable, es esencial la diversificación entre las diferentes partes del ecosistema de la IA y las distintas regiones, así como en los mercados públicos y privados. El hecho de que el dólar caiga, aunque de manera ordenada, frente a una amplia cesta de divisas, obliga a los inversores no estadounidenses a sopesar el impacto que las fluctuaciones en las divisas podrían tener en la rentabilidad. La bajada de los tipos de interés en EE. UU. favorece al capital riesgo y al crédito privado.
Macro: El aumento de los datos provoca una aceleración rápida o lenta de la inflación. Esta podría ser aguda si los efectos de los aranceles sobre los precios en EE. UU. fueran más profundos de lo que se temía, ya que las empresas repercutirían sus mayores costes en unos consumidores resilientes. Las devoluciones del impuesto sobre la renta a principios de 2026, junto con cualquier nueva rebaja fiscal en el periodo previo a las elecciones de mitad de mandato, agravarían el problema inflacionario. Un déficit fiscal persistente y las dudas sobre la independencia de la Reserva Federal podrían dar como resultado una inflación crónica y creciente.
Mercados: Se crea un entorno negativo para la renta variable que perjudica especialmente a los sectores sensibles a los tipos de interés. El aumento de las tires en la renta fija core da lugar a pérdidas, ya que la correlación positiva entre acciones y bonos se mantiene. En un escenario de inflación aguda, serían los activos reales —como la madera y las infraestructuras básicas— los que ofrecerían la mejor protección. En otro de inflación crónica, el oro sería un importante diversificador de las carteras.
Macro: La confianza en la IA se deteriora al quedar claro que la demanda de su infraestructura se ha sobrestimado. Esto da como resultado una sobrecapacidad, una caída de los precios y una contracción de los márgenes, ya que el retorno de la inversión en activos fijos en IA no cumple las expectativas. El crecimiento económico de EE. UU. se ralentiza a medida que el gasto relacionado con la IA se estanca y las ventas generalizadas de acciones del sector generan efectos riqueza negativos en los hogares estadounidenses.
Mercados: Entorno muy negativo para la renta variable, especialmente en EE. UU. Las acciones defensivas superan a las cíclicas y vuelve la correlación negativa entre acciones y bonos. Por el contrario, el contexto es positivo para la renta fija de alta calidad y larga duración. Sin embargo, la exposición al sector tecnológico pasa factura al capital riesgo y al crédito privado.
Macro: El crecimiento se acelera significativamente gracias a un auge de la productividad inducido por la IA. La inflación permanece bajo control gracias al aumento de la productividad y, posiblemente, a la bajada de los precios de la energía tras la resolución del conflicto entre Rusia y Ucrania. Esto permite que los bancos centrales apliquen bajadas de tipos más agresivas de las que actualmente reflejan los mercados.
Mercados: Entorno muy positivo para las acciones a nivel mundial. Las rentabilidades también son buenas en la renta fija gracias a que los tipos de interés oficiales bajan y los diferenciales del crédito se estrechan hasta niveles récord.
