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Licenciado Verdad: Un momento y un lugar

Licenciado Verdad fue un momento crítico para el arte en México y más allá. También fue un lugar, una calle del centro histórico de la Ciudad de México que se convirtió en una meca de innovación artística. Aquel fue un grupo de artistas cuya originalidad dio lugar a una de las tendencias regionales más vibrantes que surgieron en el escenario artístico global.

Un momento

Hasta la década de 1990, el arte mexicano seguía la tradición del arte occidental. “Todo tenía que ver con pinturas o esculturas que eran totalmente visuales”, dice Patrick Charpenel, cofundador de Ediciones MP, que acaba de publicar un libro emblemático sobre Licenciado Verdad en asociación con J.P. Morgan. “Pero con la generación de Licenciado Verdad, algo cambió radicalmente”.

A partir de la década de 1980, una nueva generación de artistas comenzó a reinventar no solo el quehacer artístico mediante el uso de la televisión, el video y la performance, sino también “nuestros códigos culturales de contacto en momentos en que el sistema político y económico de México atravesaba una terrible crisis”, dice Charpenel. “Era importante introducir algo tan complejo y tan político como lo que produjeron los artistas de esta generación en sus propias obras”.

Por ejemplo, Minerva Cuevas comenzó a reemplazar los códigos de barras originales en los supermercados para que los consumidores pagaran menos por un artículo, sin saberlo. “Esta artista jugaba con la estructura económica, introduciendo algo de manera discreta que modificaba la experiencia de los consumidores de estas enormes empresas”, explica Charpenel, él mismo artista y posteriormente curador que formó parte de Licenciado Verdad.

Esta clase de perturbación artística asumió un papel protagónico después del terremoto de 1985, dice Patricia Sloane, que fue propietaria de una galería en la Ciudad de México durante 15 años a partir de 1980 y quien editó Licenciado Verdad junto con Kurt Hollander. “Me desperté a las siete de la mañana del 19 de septiembre y la ciudad había quedado totalmente destruida. Realmente cambió la ecuación con que las personas se relacionaban entre sí”.

Un lugar

Fue poco después del terremoto que un grupo variado de artistas comenzó a congregarse en el centro del distrito histórico. Una calle sin salida que ocupa toda una cuadra, Licenciado Verdad fue sede de varias instituciones que formaron el centro de la innovación artística: un gran edificio residencial de estilo colonial donde muchos artistas tenían sus apartamentos; Ex Teresa, una iglesia del siglo XVII transformada en espacio de arte; y El Nivel, una cantina donde se reunían los artistas para cuestionar normas y platicar sobre nuevas ideas. “Aparte de El Nivel, que ahora está cerrado, la calle se conserva casi exactamente igual”, dice Sloane. “Los primeros artistas que comenzaron a vivir allí hacían fiestas. Y esa era la manera en que se conectaban todos, a través de las fiestas. Los artistas María Guerra y Eloy Tarcisio, por ejemplo, asistieron a una fiesta, se enteraron de que había un apartamento disponible, y lo rentaron enseguida”.

Las rentas más bajas formaban parte del atractivo de vivir en el centro histórico. Los artistas también se encontraban alejados del grupo de arte convencional y se sentían más libres para experimentar. “Era también una forma de vida tranquila y sin preocupaciones. Los mejores mercados de la ciudad estaban ahí mismo”, observa Sloane.

Estos mercados y los talleres donde se creaban rótulos, trabajaban los herreros, y otras pequeñas industrias, funcionaban como fuentes de inspiración para los artistas de Licenciado Verdad. Estos compraban artículos en los mercados y colaboraban con los talleres para “empezar a reconsiderar las posibilidades de entender un contexto muy fascinante de la historia, usando clases de materiales completamente diferentes”, explica Charpenel.

Francis Alÿs y el maestro rotulista Juan García frente a una imagen de Luis Donaldo Colosio que el maestro pintó para una campaña del PRI, Ciudad de México, 1994. 

“Ellos entendieron que no solo se trataba de una ciudad vibrante, sino que también era una ciudad llena de pequeños talleres que eran absolutamente contemporáneos y al mismo tiempo tradicionales”, continúa diciendo Charpenel. “Fue por eso que Francis Alÿs comenzó a colaborar con los pintores de rótulos. Fue por eso que Thomas Glassford empezó a hacer esculturas trabajando con metales. Y fue por eso que Silvia Gruner empezó a usar utensilios comunes de limpieza para el hogar. La incorporación de estos elementos en su arte fue lo que les dio su carácter regional y único”.

“No más caminaban por la calle y encontraban algunos materiales muy exóticos”, dice Sloane. “Exóticos, es decir que compraban papeles de colores importados o calabazas huecas en los mercados. Fue la ciudad lo que cambió la manera de trabajar. Esto es muy importante para entender por qué la producción artística mexicana se caracteriza por esta nueva estética. No es arte callejero; es arte que viene de las calles”.

Silvia Gruner, Genética o la anunciación, 1994.

Un grupo

La originalidad de los artistas de Licenciado Verdad pronto captó la atención internacional. En parte, esto se debió a que los integrantes del grupo eran artistas de Europa y de los Estados Unidos, así como de México y Latinoamérica: Francis Alÿs de Bélgica, Melanie Smith de Inglaterra, Michael Tracy de los Estados Unidos, Lorna Scott Fox de Turquía, e Ibrahim Miranda de Cuba, para mencionar algunos.

Estos artistas aportaron nuevas influencias e intercambiaron ideas al organizar sus propias galerías y exposiciones. “Había mucha intensidad en la originalidad con que trabajaban estos artistas”, observa Charpenel. “No creíamos mucho en las grandes instituciones, y no tratábamos de exhibir nuestras obras en museos y ni siquiera en las grandes galerías. Organizábamos exposiciones y galerías de una manera totalmente independiente”.

Fue Aldo Flores, nativo de la Ciudad de México, quien se dio cuenta de la necesidad de abrir más galerías independientes, después de recorrer la ciudad de Nueva York y ver el papel que desempeñaban las galerías en SoHo para promover la obra de artistas nuevos y de diversos orígenes. “Me acuerdo de haber pensado: ‘Wow, México realmente necesita algo como esto porque tenemos unos artistas extraordinarios pero no tienen oportunidades’,” recuerda Flores, quien, junto con Sloane y otros, empezó a abrir galerías para exhibir las obras de los artistas de Licenciado Verdad.

Las exposiciones podían aparecer en un formato muy diferenciado del de una galería formal. Como señala Charpenel, “En Licenciado Verdad, cualquier lugar era el lugar perfecto para una exposición, que a menudo organizábamos sin dinero y con la simple idea de reunir amigos para platicar de arte, cultura, política y de todo. Estas diferencias culturales convergían en Licenciado Verdad y nosotros compartíamos la edad, la energía y la emoción. Era una forma de mantenernos conectados con el resto del mundo, pero también era un lugar donde podíamos hablar de nuestras diferencias y de nuestra propia identidad. Y todo eso era realmente fascinante”.

Un libro

Licenciado Verdad ahora es también un libro, el primero de una serie que producirá Ediciones MP junto con J.P. Morgan. “Es muy interesante para J.P. Morgan poder asociarse en la producción de este libro”, dice Mark S. Roe, Curador Principal de la Colección de Arte de JPMorgan Chase. “Licenciado Verdad es la historia oral de un momento y un lugar específicos en la Ciudad de México en el que todos los artistas y curadores que estuvieron allí relatan sus perspectivas. Es un documento poco común que será importante para las generaciones futuras”.

“No es a menudo que se encuentra un lugar y un momento particular que haya tenido una repercusión tan precisa sobre todo el escenario artístico global”, agrega Sloane, quien editó Licenciado Verdad junto con Kurt Hollander. “Y ha sido una experiencia muy divertida porque no se trata de un libro estrictamente académico. Sirve para recordarnos de dónde venimos y cómo aquel fue un momento muy importante”.

Para obtener más información sobre Licenciado Verdad, lo invitamos a contactarnos. Un representante de J.P. Morgan se comunicará con usted.

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