El electorado estadounidense acudirá a las urnas el 3 de noviembre de 2026. Aunque el presidente Trump no se presenta a estas elecciones, son importantes porque determinarán el control del Congreso, que actualmente se encuentra en manos del Partido Republicano. Un gobierno dividido (el resultado previsto según las encuestas actuales) probablemente prolongaría este periodo de incertidumbre política.
¿Qué se necesita para «ganar»?
En el Senado, cada estado de EE. UU. nombra a dos senadores. Los senadores estadounidenses tienen mandatos de seis años, por lo que aproximadamente un tercio de los 100 escaños del Senado quedan en juego en cada elección federal o de mitad de mandato. Actualmente, los republicanos controlan el Senado y, de los 35 escaños que se renuevan este año (incluidas las elecciones especiales en Florida y Ohio), 22 son de senadores republicanos. Para hacerse con el control del Senado, los demócratas necesitarían sacar cuatro escaños más de los que ostentan actualmente.
En la Cámara de Representantes, los miembros ejercen mandatos de dos años y representan a un distrito dentro de un estado. En los comicios de noviembre, se reelegirán los 435 escaños de la Cámara de Representantes, que actualmente está en manos de los republicanos. Los demócratas cuentan con 212 escaños y hay cinco vacantes, tres de las cuales estaban en manos de demócratas. Si los demócratas conservan esos tres escaños, hasta alcanzar un total de 215, tan solo necesitarían tres más para lograr la mayoría en la Cámara de Representantes.
El resultado más probable será un gobierno dividido
La redistribución de distritos posterior a 2024 debería favorecer a los republicanos en las elecciones de mitad de mandato de este año. Sin embargo, las encuestas actuales sugieren que tendrán complicado conservar el control de la Cámara. Los índices de aprobación del presidente se han deteriorado notablemente (véase el Gráfico 19), después de que el conflicto en Oriente Medio haya disparado los precios de la gasolina hasta 4,50 USD por galón.
Aunque aún queda mucho para las elecciones, es poco probable que las presiones sobre el coste de la vida de los hogares estadounidenses remitan con rapidez. Incluso cuando se resuelva el conflicto, es probable que la inflación general y la subyacente se mantengan elevadas durante algún tiempo. Al mismo tiempo, el Gobierno podría tener dificultades para sacar adelante «incentivos» fiscales que refuercen el apoyo, dadas las fracturas que han surgido dentro del Partido Republicano. Tradicionalmente, el partido del presidente casi siempre pierde escaños en la Cámara de Representantes, como ha ocurrido en 20 de las últimas 23 elecciones de mitad de mandato. Los republicanos, que parten de una mayoría estrecha y bajos índices de aprobación, no tendrán fácil mantener el control (véase el Gráfico 20).
La batalla por el Senado está mucho más reñida. De los 35 escaños que se renuevan, la mayoría se considera que ya están adjudicados para uno u otro partido, por lo que el resultado dependerá de un puñado de contiendas competitivas. Para hacerse con el control del Senado, los demócratas tendrán que conservar sus escaños actuales en Georgia, Michigan, Minnesota y Nuevo Hampshire. Además, deberán ganar cuatro escaños adicionales, que actualmente están en manos republicanas. Entre ellos figuran Carolina del Norte y Maine, donde los demócratas lideran las encuestas, así como dos escaños entre Ohio, Alaska, Texas, Florida, Nebraska e Iowa. El Senado está al alcance de los demócratas, pero será difícil lograrlo.
Qué implica para la política
Escenario 1: Los republicanos pierden la Cámara de Representantes, pero conservan el Senado
Si los republicanos pierden la Cámara de Representantes, sacar adelante su agenda de política interna será mucho más difícil, independientemente del resultado que obtengan en el Senado. La política fiscal plantea un reto especialmente importante: todos los proyectos de ley relativos a ingresos y gastos deben salir de la Cámara de Representantes. Con el déficit en niveles elevados (véase el Gráfico 21), una cámara controlada por los demócratas probablemente bloquearía cualquier intento del Partido Republicano de aprobar estímulos no financiados sin concesiones. Además, existe un mayor riesgo de confrontación política en torno al próximo plazo del límite de deuda, lo que podría dar lugar a negociaciones presupuestarias más duras y a posibles amenazas de cierre del Gobierno, aunque es probable que esto no ocurra hasta verano de 2027, como muy pronto.
Con opciones limitadas en materia de política interna, el presidente podría centrarse en áreas en las que dispone de mayor autoridad discrecional, como la política exterior y el comercio.
Tras las elecciones de mitad de mandato, la atención podría volver a centrarse en los acuerdos comerciales que aún están pendientes de cierre. El Gobierno también podría apoyarse más en las competencias arancelarias y comerciales, como las que otorgan el Artículo 301 o 232, para cumplir su objetivo de relocalizar la producción manufacturera. Lo que no está tan claro es hasta qué punto el Gobierno seguirá activo en política exterior en general, dado que el conflicto en Oriente Medio ha suscitado críticas del ala más aislacionista y el «America First» del Partido Republicano. En conjunto, sin embargo, la menor capacidad para moldear la política interna podría ampliar el margen para una política exterior imprevisible.
Asimismo, cabría esperar que una Cámara controlada por los demócratas amplíe sustancialmente la supervisión del Congreso sobre el Gobierno. Los presidentes de las comisiones tendrían la facultad de emitir citaciones y controlar las agendas de investigación, lo que aumentaría el escrutinio de las acciones del Ejecutivo. Aunque un proceso de destitución sería procedimentalmente más plausible con una Cámara controlada por los demócratas, la destitución de un presidente también requeriría una supermayoría de dos tercios en el Senado, un escenario muy improbable.
Escenario 2: Los republicanos pierden tanto la Cámara de Representantes como el Senado
Incluso si los demócratas controlaran ambas cámaras, seguirían teniendo dificultades para aprobar leyes más importantes. Se necesitan 60 votos para superar el bloqueo del Senado, mientras que, para anular un veto presidencial, se requiere una supermayoría de dos tercios de ambas cámaras.
No obstante, el control del Senado otorgaría a los demócratas algunos poderes adicionales. Lo más importante es que el Senado confirma los nombramientos presidenciales por mayoría simple, por lo que una mayoría demócrata podría influir de forma significativa en los nombramientos del presidente Trump, o limitarlos. Esto, a su vez, reduciría el riesgo de cuestionar la independencia de instituciones clave y, más concretamente, la Reserva Federal.
Más de lo mismo
En conjunto, según nuestro escenario central, en el que existe una división en el gobierno, Washington probablemente entraría en un periodo de bloqueo político, y el Gobierno estadounidense se enfrentaría a una mayor supervisión y escrutinio. La menor capacidad para influir en la política interna aumenta el riesgo de un Gobierno estadounidense más imprevisible en el panorama internacional, así como de una dependencia aún mayor de las órdenes ejecutivas (véase el Gráfico 22). Dicho esto, los inversores no deben desviarse de su objetivo. Como hemos observado en los primeros 18 meses del segundo mandato de Trump, cuanto más caótico es el contexto político, más probable es que los gobiernos de todo el mundo apliquen estímulos fiscales, lo que explica por qué esperamos que los mercados dejen atrás el ruido político.
