Titulamos nuestras Perspectivas de inversión para 2026 Suficiente combustible en el motor para reflejar nuestra expectativa de que la combinación de estímulos monetarios y fiscales incrementaría la actividad económica, tanto por sectores como por regiones. Según nuestras previsiones, 2026 debería ser un año favorable para el crecimiento global y, durante los primeros meses, así fue.
Impacto a corto plazo en uno de los principales factores de crecimiento
El conflicto en Oriente Medio ha restado fuerza a la idea de que nuestras perspectivas de crecimiento se verían impulsadas por «todos los motores», especialmente en lo que respecta al gasto de los consumidores. La subida de los precios de la energía está impulsando al alza la inflación general y probablemente este aumento se reproducirá en una gama más amplia de precios, como los de los alimentos, conforme avance el año (véase el Gráfico 1).
No obstante, esta situación no es comparable con los incrementos de costes de 2022. Entonces, la economía mundial apenas se había reactivado tras una pandemia global, con una demanda en auge y un mercado laboral boyante. En estas circunstancias, la inflación se disparó y, para poder controlarla, se aplicaron aumentos considerables de los tipos de interés.
Sin embargo, en esta ocasión, el mercado laboral se encontraba en una situación mucho más débil (véase el Gráfico 2). Aunque algunos ya señalan el impacto de la IA, los datos no son concluyentes. En EE. UU., los recortes en el gasto público han desempeñado un importante papel. Por su parte, en Europa, la debilidad del mercado laboral refleja la cautela de las empresas en un mundo en el que la demanda apenas empieza a recuperarse, mientras que en el Reino Unido el aumento del salario mínimo y las cotizaciones a la seguridad social parecen haber tenido un efecto mayor.
En cualquier caso, es poco probable que los trabajadores obtengan subidas de sueldo significativas que compensen el encarecimiento del coste de la vida. Por lo tanto, el aumento de la inflación reducirá los ingresos disponibles y, en consecuencia, el gasto de los consumidores durante los meses que quedan de 2026.
Esta reducción de los ingresos aún no ha tenido un gran impacto en la actividad económica de EE. UU., posiblemente debido al incremento de los ingresos de los trabajadores derivado de las devoluciones fiscales previstas en la «One Big Beautiful Bill Act». Los hogares empezarán a notar con mayor intensidad la presión derivada del aumento de los precios de la gasolina durante lo que queda de año, lo que podría tener implicaciones para las próximas elecciones de mitad de mandato. Uno de los principales riesgos que anticipamos para el segundo semestre del año es que el presidente Trump anuncie una nueva ronda de cheques de estímulo para alentar al electorado. Con el déficit estadounidense ya estancado en el 6%, es posible que el mercado de bonos no reciba con entusiasmo esta medida. No obstante, se trata de un riesgo y no forma parte de nuestras expectativas principales. Para obtener más información sobre nuestras previsiones relativas a la política económica antes y después de las elecciones de mitad de mandato, vaya al capítulo: Que las elecciones de mitad de mandato en EE. UU. no le desvíen de su objetivo.
El impacto de la reducción de los ingresos es más palpable en Europa, donde las encuestas a empresas del sector servicios muestran que los hogares están sintiendo la presión. Por lo tanto, no acabamos de ver la recuperación en el gasto de los consumidores que constituía un pilar central de nuestras expectativas de una recuperación más sólida a este lado del Atlántico.
Desde la pandemia, el gasto de los consumidores ha sido mucho más débil en todos los principales países europeos que en EE. UU. El motivo parece ser la falta de confianza de los hogares europeos, que tienden a reaccionar en mayor medida ante la incertidumbre que sus homólogos estadounidenses (véase el Gráfico 3). Por su parte, los estadounidenses no tardaron en gastar el ahorro acumulado durante la pandemia y, más recientemente, se han mostrado dispuestos a mantener su nivel de gasto pese a la caída de los ingresos disponibles (véase el Gráfico 4). En Europa, en cambio, no solo hemos mantenido el ahorro acumulado tras la pandemia, sino que seguimos ahorrando más de lo «normal». Hasta que los hogares europeos no tengan la confianza suficiente para empezar a gastar, Europa seguirá rezagada en lo que a la recuperación posterior a la pandemia se refiere.
La debilidad del crecimiento salarial en las economías occidentales implica, al menos, que los bancos centrales estarán menos preocupados por un estancamiento de la inflación. En consecuencia, no esperamos que las dificultades de los precios de la energía se vean agravadas por un aumento de los tipos de interés. En 2022, los hogares y las empresas tuvieron que hacer frente al doble problema del aumento de los costes y de los tipos de interés. En esta ocasión, la mayoría de los bancos centrales mantienen los tipos de interés en terreno neutral o restrictivo. Por lo tanto, aunque no se esté inyectando mucho «combustible» monetario, no creemos que se produzca una coordinación de esfuerzos orientados a frenar el crecimiento. Esperamos que todos los principales bancos centrales occidentales mantengan los tipos de interés estables durante el resto del año.
El tiempo durante el cual el aumento de los precios de la energía seguirá frenando el gasto de los consumidores dependerá de la rapidez con la que se reabra el estrecho de Ormuz (aun si quedan aspectos de un posible acuerdo pendientes de resolver) y de cuánto tarde el mercado de la energía en recuperar la normalidad. En ambos casos, los plazos son muy inciertos, ya que los resultados dependen de varios factores relativamente opacos.
Los países del Golfo han hecho todo lo posible por mantener el flujo de petróleo a través de oleoductos y rutas de exportación alternativas, y han almacenado el excedente en instalaciones disponibles. Sin embargo, pese a estos esfuerzos, y suponiendo que los flujos a través del estrecho se aceleren gradualmente a partir de junio, la Agencia Internacional de la Energía prevé que la producción se reduzca este año en 3,9 millones de barriles al día con respecto a 2025 (lo que equivale a una pérdida de aproximadamente el 4% de la producción total). Además, la capacidad de transporte marítimo disponible para llevar el petróleo almacenado al resto del mundo será limitada cuando se garantice el paso seguro por el estrecho.
Otra cuestión es el daño a las infraestructuras energéticas, aunque creemos que esta preocupación es exagerada. Por ejemplo, se ha hablado en los medios acerca de los daños sufridos en dos de las 14 instalaciones de producción de gas natural licuado (GNL) de Qatar, conocidas como «trenes». Sin embargo, aunque la reparación de los daños podría llevar entre tres y cinco años, Qatar está construyendo otros cuatro trenes de GNL, cuyas obras probablemente finalicen el próximo año.
El aumento de los precios del petróleo también constituye un fuerte incentivo para que la región produzca tanto petróleo como sea posible, especialmente teniendo en cuenta que los compromisos de la OPEP se han debilitado estructuralmente tras la salida de EAU del cártel. No obstante, la oferta adicional podría ser absorbida por gobiernos de todo el mundo que tratan de aumentar sus reservas estratégicas por temor a nuevas tensiones. En este caso, la demanda y los precios se mantendrían en niveles elevados.
La incertidumbre en torno a las perspectivas de los precios del petróleo puede observarse en los distintos contratos sobre petróleo (véase el Gráfico 5). En general, nuestra hipótesis es que los precios del petróleo cerrarán el año situándose entre los 80 y 90 USD por barril, antes de regresar a un nivel inferior a los 80 USD por barril en 2027. No obstante, este escenario conlleva riesgos bilaterales. A principios de año, por ejemplo, uno de los principales temas de debate era la posibilidad de un exceso de energía debido a la entrada de nueva capacidad.
El motor de la inversión en capital tecnológico (capex) se mantiene a pleno rendimiento
Aunque las perspectivas relativas al gasto de los consumidores se han visto afectadas por el aumento de los precios de la energía, el otro gran motor del crecimiento (la inversión en activos fijos en el ámbito corporativo) sigue funcionando en determinadas regiones. Los hiperescaladores estadounidenses continúan expandiendo sus planes de inversión, lo que impulsa no solo el crecimiento del país, sino también el de los mercados que suministran los chips y otros insumos que estos necesitan.
China está inmersa en su propio auge de la IA, tratando de replicar el crecimiento tecnológico de EE. UU. para ganar la carrera. Aún no se sabe con certeza cómo interactuarán los esfuerzos de China con las ambiciones tecnológicas de EE. UU., por lo que esta es una de las cuestiones clave a las que se enfrentan los inversores en tecnología estadounidense (véase El auge de la inversión en IA redefine quiénes son los ganadores en los mercados bursátiles).
Aunque parece que la inversión en activos fijos en el segmento de la IA seguirá impulsando el crecimiento mundial, también empezaremos a conocer mejor las ganancias potenciales de productividad que el universo más amplio de empresas está logrando con el uso de la IA. Estas ganancias potenciales se están interpretando como una pérdida para el software, lo que está generando presión sobre los fondos de crédito privado con una gran exposición al software. Sin embargo, no consideramos que esta presión sea lo suficientemente importante como para poner en peligro nuestra predisposición al riesgo (véase El crédito privado no cambiará la percepción del riesgo).
En general, si los valores tecnológicos merecen sus valoraciones, la IA debería ser una potente fuente de productividad y rentabilidad en todo el mundo, dispersando el crecimiento por sectores y regiones. Aunque Europa no ha estado a la vanguardia de la producción de nuevas tecnologías, está mostrando señales alentadoras en cuanto a la adopción de la IA (véase el Gráfico 6).
El motor público podría recibir aún más combustible
Se esperaba que el gasto público fuera uno de los principales motores de crecimiento este año. Sin embargo, la incertidumbre geopolítica y la fragmentación de las relaciones previas entre regiones están dando lugar a una serie de medidas de gasto orientadas a mejorar la «resiliencia nacional». Cuanto más caótico es el contexto político, más aumenta el gasto público, y este es uno de los factores clave que explica la brecha entre los titulares políticos negativos y la confianza positiva del mercado.
El estímulo fiscal alemán, que constituyó uno de los grandes temas en 2025, se está propagando ahora de forma gradual. Aunque existe mucho debate (y escepticismo) en torno a sus efectos positivos sobre la productividad a largo plazo, a corto plazo seguimos esperando que este gasto favorezca de forma significativa la mayor economía de la zona euro.
Volviendo a arrancar en 2027
En conjunto, nuestra valoración es que la narrativa positiva de un crecimiento cada vez más rápido y amplio se ha visto afectada por el conflicto en Oriente Medio, pero no de forma irreparable. Cuando se reabra el estrecho y los precios de la energía vuelvan a bajar, todos los motores deberían volver a arrancar en 2027.
Dado que los mercados son prospectivos, deberían anticipar un contexto más halagüeño, lo que hace que mantengamos un enfoque, en general, positivo sobre las perspectivas de los activos de riesgo (véase Mantenemos la predisposición al riesgo en nuestras perspectivas de mercado). No obstante, este escenario positivo entraña diversos riesgos, por lo que recomendamos analizar detenidamente nuestro capítulo sobre los principales riesgos de cola (véase Los riesgos son evidentes, como lo es la protección).
